KV 262
Jueves, Marzo 13th, 2008
El KV 262 bien podría ser un submarino de la segunda guerra mundial, pero no, se trata de algo mucho más impresionante. El KV262 es una de las pocas cosas en el mundo capaz de hacerme entrar en una iglesia. El KV262 es el Réquiem de Mozart.
Ayer estuve en la catedral de Murcia con mis mejores galas, para escuchar a la sinfónica de Minsk (Bielorrusia). Impresionante. El Dies Irae te pone los pelos de punta, sin desmerecer el Rex Tremendae, y por supuesto el Lacrimosa (aunque la mayor parte del Lacrimosa no es de Mozart, dicen las malas lenguas) … una pasada. Una increíble actuación con un increíble coro, y sobre todo con una increíble primer violín de pelo recogido y con un jersey negro que hubiera hecho las delicias de mi amigo Kike.
Así que allí estaba yo… en pié, firme y concentrado, metido de lleno en la música cuando de pronto escucho algo así como “swatch swatch swatch chick chick” …y el molesto ruido me saca de mis ensoñaciones. ¿Sabéis que era? Pues una niñata vestida de puta comiendo chicle como si comiera… en fin… y no creáis que era quinceañera. La niñita esta tenía ya sus 27, y venga darle al chicle, venga a darle al chicle… la muy guarra. Para partirle la cara.
Allá por el Recordare comenzaron a sonar móviles a más de un abuelete, pero bueno, eso no fue para tanto. Lo que sí me jodió es que en cuanto se levantó una señora mayor (La mayoría estábamos de pié) la comechicles (por no decir…) se lanzó como víbora sobre todos los demás, apartando a la gente, y reposó su trasero sobre el sitio libre del banco como si fuera el último rincón del universo donde podría poner las posaderas, distrayéndonos a todos del concierto y montando jaleo, para 5 minutos que le quedaban a la obra. Obviamente le eché una mirada que expresaba mis pensamientos, y yo diría que algo debió notar. Luego empezó a apretujarse contra los demás señores mayores del banco para que su novio el pánfilo se sentara con ella. Que espectáculo.
Siempre que voy a un concierto de este tipo me pasa lo mismo, salgo a la vez encantado y enfadado… pero pocas cosas podrían empañar una buena interpretación del Réquiem.



