Cajero automático

Los cajeros automáticos no son automáticos del todo. Hay que darle a botoncitos y apretar teclas. Una vez aclarado este punto, que pudiera parecer obvio, os cuento lo que me pasó viernes:
Andaba yo con los bolsillos vacíos de pecunio, como si acabara de salir de un after. Así que me encaminé al cajero más cercano mientras tarareaba una de Los Sirex. 20 minutos después llegué al cajero, que no estaba tan cercano como pensé en un primer momento. Este constaba de tres terminales, las tres ocupadas por personas de sexos y edades variados, así que no podía tardar mucho en tocarme el turno.
Al par de minutos, observo como en el de la izquierda (si, el de la vieja con el pelo lila) expulsa una tarjeta, señal inequívoca de que la transacción a terminado, así que pasito a pasito me aproximo. La mujer coje la tarjeta, la mira, coje el papel, lo mira… y vuelve a introducir la tarjeta. ¿Ein?
Al poco, ocurre lo mismo con el señor bajito y achaparrado, solo que este, antes de introducir de nuevo la tarjeta, se estudia de memoria el extracto de los últimos movimientos, mientras suma usando los dedos.
Sigue pasando el tiempo, y en el cajero central otro señor termina la transacción, saca la tarjeta, coge el dinero, lo guarda todo y se queda ahí, mirando el papelito…tic tac, tic tac… luego levanta la cabeza, se percata de que estoy esperando y dice ¡oh!
Porque en los cajeros hay cámaras, que si no salimos en Gente, o en El Caso. Muchas veces la gente que pasa la noche en los cajeros no son indigentes, es que se han dormido esperando.
Marzo 3rd, 2009 a las 13:11
Los abuelillos en los bancos tienen mucho peligro. Yo he podido tararear sinfonías enteras en la cola del mostrador bancario. Quizá sean una medida-anticrisis… Quién sabe. Besissss
Marzo 4th, 2009 a las 18:17
@Thedarksunrise: Si… los viejetes… esos entrañables hijos de p*