
Ya lo dicen en los monólogos de la Paramount: La gente se va de camping para pasarlo mal y luego contárselo a los amigos riéndose, cómo si fuera algo gracioso. Pues bien, yo me he ido de camping y os lo voy a contar. Es lo que hay.
Hacía siglos que yo no me iba a un sitio de esos con naturaleza, así que lo primero fue pasar por el Decathlon para comprar una tienda de esas ‘checuas’ y un saco de dormir, unas chanclas, un bañador… solo me faltó el cubo y la pala. Luego al super a comprar alimentos campestres y luego iniciamos el viaje (Venía una pareja asidua a este weblog: Tutifruti y Kai) Una horita y pico de camino hasta un sitio llamado “…” vale, no me acuerdo. Era un monte con un camping.
Nos bajamos del coche de Kai, miré a mi alrededor y dije: “Asíiiii …. así que esto es un bosque ¿No? en wikipedia parecen como más de plástico…y más pixelados”. Abrí la tienda para estrenarla, y es verdad que se abre en 2 segundos, y nos hubicamos en una parcelita cercana a la que el señor de la puerta nos había designado, y le dijimos que la que él nos había dado se la metiera analmente, porque era pequeña, inclinada y estaba junto al lavadero. Tanscurrió la primera tarde sin más sobresaltos, cenamos y charlando nos quedamos poquito a poco durmiendo, que no vale la pena andar por andar…
De madrugada abri el ojo derecho… y ví como temblaba el agua mineral de la botella,como en aquella escena de Parque Jurásico. Parecía que el infierno se abría a las puertas de mi caseta y que acudirían los 4 jinetes del apocalipsis a reclamar mi alma (Los 4, a saber y a saber cuales: Guerra, Hambre, Muerte e Hipoteca). Saqué la cabeza por la cremallera de la tienda sin saber lo que me iba a encontrar, y encontré oscuridad, la noche eterna frente a mi, y el rugido de una mala bestia roncando en la tienda de la parcela de al lado. Un señor enorme la habitaba, con su mujer y su hijo, y roncaba que daba miedo. Que cosa más exagerada. No pegamos ojo en toda la noche.
Claro… obviamente la mañana siguiente la pasamos criticando al señor de las cavernas este, le pusimos de mote “El jabalí viejo” y estabamos comentando alegremente la habilidad de su mujer para dormir a su lado. Decíamos que si había que sacrificarlo para que no sufriera, que si en mi familia alguien ronca así lo llevaríamos al médico… esas cosas amables que se dicen cuando el interfecto no está presente… ya que la familia había salido. O eso pensabamos nosotros, porque asomó la cabeza la mujer, que debía estar dentro de la tienda y no nos miró con muy buena cara. Mujer… son cosas que se dicen, que no piensa uno. Me dió la impresión de que se tomó mal los comentarios, aunque al hombre no pareció molestarle. Estaría durmiendo.
El segundo día de camping fué muy tranquilito. Fuimos a comer a un restaurante. Comimos muy bien, la verdad, unas partidillas de cartas, volvimos al camping… y ya las siguientes 14 horas lloviendo sin parar, que aquello parecía el final de Blade Runner. No pudimos salir más de la caseta hasta la hora de irnos. Yo quería ir a reunir una pareja de cada tipo de animal, por si las moscas… pero me convencieron de que dejaría de llover. Se me mojaron los zapatos y mientras comentabamos la que estaba callendo el de seguridad vino con un paraguas a decirnos que hablaramos bajito… no te jode ¿Dónde estabas anoche cuando en animal de bellota de allí roncaba como una perra de muelle? Anda, habla con el que reparte las parcelas que él te va a contar lo que tienes que hacer con el paraguas.
Por la mañana dejó de llover y aprovechamos el respiro para desayunar y desmontar las tiendas, (yo con los zapatos mojados) pero no fué un respiro tan grande: Desayunamos secos y desmontamos las tiendas bajo la lluvia. Las tiendas estas se montan en 2 segundos, pero para guardarlas ya es otro tema. Ya de camino al coche pensaba que nada más podía salir mal cuando pisé una mierda. Es lo que tiene la naturaleza… que hay mierdas, como en las aceras de nuestras ciudades.
El retorno en coche lo hice durmiendo, sin ronquidos. Acercandome a la civilización y a mis reconfortantes estructuras de hormigón, mis conexiones wifi y mis zapatillas secas.