
Por razones que no vienen al caso necesitaba cierto componente informático, así que me encaminé a una tienda de informática, pregunté si lo tenían y me dijeron que sí. Me lo llevo, dije yo, y entonces el señor de la tienda dijo “Show me the money”… y resultó que no tenía suficiente. Así que me dirigí a un banco con mi flamante VISA en la mano, a ver si los engañaba y me deban algo.
Cuando llegué al banco (a eso de las 6 de la tarde) pude comprobar que la puerta del cajero no se abría. Intenté con las formulas habituales para abrir puertas (Ábrete sésamo, mellon, soplaré y soplaré y tu casita derribaré…) pero no se habría. Entonces una chica me dijo que se había encerrado dentro un chico a dormir, y luego intervino un señor mayor instándome a llamar a la policía, de muy mal royo.
El final opté por llamar repetidamente, hasta que el señor borracho abrió la puerta, produciéndose en consiguiente diálogo de besugos:
Borracho: Perdona… es que no te había oído llamar, pasa pasa…
Yo: Hombre, es que no te puedes encerrar aquí, que tengo a los churumbeles llorando porque no puedo sacar dinero pa’ comprarles los potitos.
Borracho: Ehhh… que hay más bancos ¿no?
Yo: Si, y también hay más camas - Como la de tu madre, pensé yo -
Saqué dinero mientras el señor oscilaba de un lado a otro del cajero, como si del péndulo de Foucault se tratase, por supuesto sin quitarle la vista de encima, y me fui a casa con mis reflexiones, pensando que no es lo mismo que una persona sin hogar se refugie en un cajero por la noche, que un borracho que se acantona en el mismo cajero a las 6 de la tarde… y de paso acordándome de la familia de los que estos días matan focas bebés en Canadá, que no tienen alma. No enlazo las imágenes, el que quiera amargare el día que las busque, que hay montones y a cual más triste.
Editado: Parece que no hay que irse hasta Canadá para encontrar cabrones.