
Hace unos años, cuando vestía de chico malo, no me hubiera extrañado sufrir el acoso de ‘los locales’. Pero ha sido años después, cuando voy a trabajar con aires más comerciales cuando han llegado a tocarme las narices. Anoche mismamente, cuando estaba trabajando en las fiestas de Cartagena. Os lo voy a contar, queráis o no.
Ayer terminamos de instalar los equipos de sonido en la caseta donde voy a currar, y nos pusimos al día con los detalles de ultima hora. Al terminar, el jefe amablemente nos subvencionó unas pizzas a domicilio. Llamé a Telepizza y pedí 4 familiares (4 pizzas, se entiende, no que me mandara a cuatro de mi familia) y la encargada me comunicó que no podían traerlas a la caseta. Le pedí que me indicara el lugar más cercano al que podía traérmelas y me dijo: “Enfrente del puesto de la policía local a la entrada del recinto. El chico te dará un toque cuando esté llegando y así no tendréis que esperar”.
Me dieron el toque, llegué allí, y saludé al repartidor y de repente se nos echó encima un policía local enorme, que invadió mi espacio interpersonal consiguiendo que yo me sintiera realmente incómodo, y a gritos comenzamos la siguiente conversación:
Poli: ¡Por tu bien que esta sea la ultima vez que pides una pizza en esta dirección!
Yo: Yo no la he pedido en esta dirección, pero aquí es donde me la traen.
Poli: ¡Ese no es mi problema, os voy a denunciar a los dos!
Yo: ¿Por que? ¿Por pedir unas pizzas?
Poli: Si, no puedes pedir que traigan aquí unas pizzas, esto lleva a confusiones.
Yo: Mire… muy bien, muy bien… yo me voy, y este chico que trae las pizzas a donde le mandan tampoco tiene la culpa de nada.
Chico: (se encoge de hombros)
Poli: (Acercándose) Que sea la ultima veeeez!! bla bla bla!!
De una cuidadosa lectura del dialogo se desprende que lo que al policía local le preocupaba era que la gente viera la moto de las pizzas allí y pensara que los policías polis se estaban poniendo moraos a pizzas en el puesto de trabajo. Pero eso si que no es problema mío, y amparándose en una placa no tiene derecho a intentar (que no conseguir) intimidarme porque estábamos a 10 metros de la puerta del puesto de la policía. Un lugar público donde yo quedo a recoger las pizzas porque me sale de los mismísimos cojones. Ya sabemos que las pizzas no son para vosotros, que vosotros no necesitáis comer porque no tenéis desgaste físico alguno. Estáis en vuestra caseta, charlando de fútbol, y sin dar una sola vuelta por el recinto, que es lo que deberíais hacer. Deberíais trabajar más, y no preocuparos por dar imagen de que trabajáis.
Me duele realmente generalizar este tipo de comportamientos a toda la policía local, pues soy consciente de que seguro que existen personas integras en esa institución. Pero cuando me he visto en problemas, han sido los nacionales los que han arrimado el hombro. No los locales.
¿Os imagináis que de verdad me hubiese denunciado?
Juez: ¿Y tu que has hecho?
Yo: Pedir unas pizzas señor juez.
Juez: ¡No me chulees que te enchirono por desacato!
Yo: Que no… que va en serio…
Juez: Manda cojones con el ejecutivo. Anda pa’ tu casa.